Mi historia ha dado unas cuantas vueltas desde entonces.
Cuando el fútbol empezó a ser algo más
Aunque he crecido practicando muchísimos otros deportes, el fútbol siempre ha ocupado una gran parte de mi vida.
A los 14 años dejé Lleida para incorporarme a la cantera del RCD Espanyol y me mudé a Barcelona. Todavía no era futbolista profesional, pero entrar en una de las canteras de referencia del fútbol español significaba empezar a vivir el deporte de una manera completamente diferente.
Dos años después llegó una oportunidad todavía mayor. Con 16 años me fui a Inglaterra para incorporarme al Aston Villa FC, donde firmé mi primer contrato profesional. 2 años después, regresé a España para fichar por el Málaga CF y continuar mi trayectoria en su filial.
En apenas cuatro años había pasado de jugar al fútbol siendo un adolescente en Lleida a vivir lejos de casa y formar parte de estructuras de fútbol profesional. Todo ocurrió bastante rápido.
Y por el camino pasó todo esto
Durante esa etapa también tuve la oportunidad de vivir experiencias que nunca habría imaginado.
Fui internacional con la Selección Española Sub-16 y Sub-17, Campeón de España con Catalunya, Campeón de la Liga Sub-18 en Inglaterra, y entrenaba con el primer equipo del Aston Villa de vez en cuando a pesar de ser todavía juvenil.
Además conté con el patrocinio deportivo de Adidas y aparecí como jugador en los videojuegos FIFA 12 y FIFA 13.
Son recuerdos y experiencias de los que me siento muy afortunado y que forman parte de mi historia. Pero contar únicamente esta parte sería contar solo una mitad.
Desde fuera había muchas razones para pensar que todo era genial. Jugaba al fútbol, viajaba, conocía países, competía a un nivel alto y estaba viviendo experiencias que muchas personas habrían querido vivir. Pero había otra parte que no aparecía en las fotografías.
Estaba lejos de mis amigos y de mi familia, no tenía estudios y cada vez me costaba más convivir con una vida en la que prácticamente todo giraba alrededor del fútbol. Nunca había aprendido a verlo únicamente como un trabajo y, en determinados momentos, tampoco sabía muy bien cómo gestionar algunas de las situaciones que estaba viviendo.
Y entonces llegó la primera vez que necesité acercarme a casa.
Mi primer Break
Después de mi etapa en el filial del Málaga llegó un momento en el que estuve cerca de dejar el fútbol a pesar de tener múltiples opciones para fichar por equipos que cualquier otro jugador hubiera cogido con las dos manos.
Lo valoré todo y decidí continuar, pero de una manera diferente: me fui a jugar a Tercera División justo al lado de mi casa. A nivel de proyección deportiva era un paso atrás, pero para mí, en aquel momento, era algo que necesitaba.
Visto ahora con perspectiva, probablemente fue mi primer break mental. Necesitaba bajar el ritmo, recuperar cierta normalidad y volver a estar cerca de mi entorno.
Y funcionó. Porque después de aquel año volví a tener ganas de salir.
Holanda, y otra vez a casa
A los 21 años hice otra vez las maletas. Esta vez el destino fue Holanda. Estuve todo el verano entrenando muchísimo sabiendo que si aparecía alguna opción de salir de nuevo debía aprovecharla. Y así fue. Tuve la oportunidad de ir a probar para un equipo de Segunda División, el FC Den Bosch y al cabo de 2-3 semanas estaba firmando mi contrato con ellos. Estadios grandes, estructura profesional, todo lo que buscaba. Mis primeros meses en el club fueron muy potentes, tiré la puerta abajo literalmente, y el club y la ciudad me acogieron muy muy bien.
Pero durante aquella temporada, la cual fue de más a menos, me volvió a ocurrir algo parecido. Necesitaba parar otra vez. Me costaba encontrar la energía para seguir marcándome nuevos objetivos y mantener el esfuerzo que requiere luchar para alcanzarlos.
Regresé a Lleida y durante los dos años siguientes jugué a fútbol amateur. Es decir, pasé de la Segunda División de uno de los países referencia en el fútbol Europeo a jugar futbol regional. Una decisión bastante extraña, ¿verdad?. Yo simplemente sentía que lo necesitaba.
Con todo esto, parecía que ya cerrábamos mi etapa viviendo como futbolista. Pero todavía no había terminado.
¿Por qué no volver a intentarlo?
A los 24 años, con las pilas cargadas de nuevo, decidí volver a darme una oportunidad.
Me fui a Alemania para competir en el fútbol semiprofesional sabiendo que estaba en uno de los países con mayor cultura de fútbol en Europa. Volví a entrenar y exigirme con la intención de seguir creciendo y acercarme otra vez al fútbol de primer nivel. Después de 2 años jugando para un club de la ciudad de Leipzig, jugando realmente bien y superar 2 operaciones de menisco bastante rápido, me fichó un club de una categoría más. Ya estaba a solo un paso de la Bundesliga 3, el primer peldaño del futbol profesional en Alemania, donde te puedes ganar la vida realmente bien como futbolista.
Y precisamente cuando parecía que estaba consiguiendo reengancharme, al cabo de unos pocos meses…
Decidí volver a casa.
Tenía 27 años, una edad realmente buena y con mucho futuro futbolístico por delante, pero decidí volver a casa, hacer un reset a mi vida y centrarme completamente en mi formación académica.
Estaba cansado y me resultaba difícil explicar exactamente por qué. Después de tantos años llegó un momento en el que simplemente no quería continuar. Lo había quemado. Era un quiero, pero a la vez no quiero.
Resumir tantos años de vivencias, experiencias, personas, lugares, decisiones, aciertos y errores en una sola página es complicado. Detrás de cada etapa hay muchos más matices de los que pueden explicar unas cuantas fotografías o unas pocas líneas.
Algunas experiencias salieron como esperaba y otras no. De todas ellas me llevo algo: aprendizajes, recuerdos y un conocimiento bastante profundo de lo que es el alto rendimiento y dedicar tu vida al deporte. Es un orgullo poder explicar estas situaciones que al final, parece un tópico, pero nos hacen más fuertes y moldean lo que somos.
No sé qué habría ocurrido si durante aquellos años hubiera contado con un acompañamiento profesional. Tampoco sé si habría seguido jugando al fútbol. Pero probablemente habría tenido más herramientas para gestionar determinadas situaciones y afrontar algunas decisiones con una perspectiva diferente.
Hoy, desde el otro lado
Hoy soy Graduado en Psicología y sigo estudiando y especializándome en un ámbito que me permite unir dos partes importantes de mi recorrido: el deporte y el desarrollo.
Tengo la suerte de contar con la experiencia de haber estado dentro, pero también con la formación y las herramientas necesarias para acompañar a otros deportistas durante su propio camino.